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No todo es Golf

Conozca al aficionado que ha jugado en los 359 campos diseñados por Donald Ross en los EE.UU.

22 diciembre, 2017 | Redaccion
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Brad Becken, que así es como se llama nuestro protagonista, pertenece a la Donald Ross Society e inició su aventura en 2010, cuando quedó prendado del Hope Valley CC durante un viaje a Carolina del Norte

El Ulises del siglo XXI, posando en una de sus últimas conquistas. Foto: @GolfDigestMagazine

Hablar de Donald Ross es hacerlo de uno de los diseñadores de campos de golf más prolíficos de la historia. Su idea, su fuerza y, sobre todo, su manera de ver este deporte lo convirtieron a comienzos del siglo XX en uno de los impulsores de la industria de golf americana. Y es que a pesar de haber nacido en Escocia, su éxito le vino al otro lado del charco, donde falleció en 1948. Pero no crean que su legado acabó aquí.

Desde entonces, sus seguidores han ido promocionando su obra hasta tal punto de crear la Donald Ross Society, una sociedad encargada de asegurar que los campos diseñados por el europeo mantengan la integridad de su diseño original. Y uno de sus miembros más destacados es Brad Becken, un ex ejecutivo jubilado de Goldman Sachs que recientemente ha completado la odisea más larga de su vida al jugar en los 359 complejos diseñados por Ross a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Y no piensen que en esta particular aventura de más de tres centenares y medio de instalaciones invirtió mucho tiempo, pues esta comenzó en 2010 después de mudarse desde Los Ángeles a Carolina del Norte y un amigo le recomendara que se acercara al Hope Valley CC. “Me encantó”, afirma Becken. “Era muy diferente a los campos en los que estaba acostumbrado a jugar. Al comentarlo, la gente me dijo que había muchos más de este tipo y yo simplemente fui a jugarlos”, reconoció el amateur, que describe de esta manera su diseño.

Cuanto más los jugaba, más los disfrutaba. No soy un buen jugador, pero poco importa eso en un campo de Ross. Es brillante la manera en que pueden disfrutar de él todo tipo de golfistas”. Tras unos meses se percató de que ya había estado en todos los complejos de Carolina del Norte, lo que le hizo pensar en la posibilidad de iniciar esta travesía. “Sin darme cuenta empecé a hacer viajes de casi un día hasta llegar a los 90 campos. Entonces fui a más. Nunca contemplé jugarlos todos, pero a comienzos de este año solo me quedaban 41. Y lo hice”, sentenció el aventurero, que recaudó fotografías y tarjetas de cada uno de los lugares. “Los tengo en archivos clasificados por campos que planeo donar a Pinehurst. Seguro que mi esposa lo agradecerá”, añadió.

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