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Torneo de Golf Diputación de Alicante

La última bola que disputó Seve en un Masters ya está en casa gracias al regalo de un caddie

7 noviembre, 2017 | Redaccion
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Javier, hijo mayor del genio de Pedreña, compartió la historia a través de las redes sociales y agradeció enormemente a Scott Satjinac los esfuerzos por ponerse en contacto con él para hacerle llegar el recuerdo

La última pelota utilizada por el español en Georgia ya descansa en familia. Foto: @J_Ballesteros

Hablar de Augusta es hacerlo de Severiano Ballesteros. Ya no solo para nosotros, sino para una legión de seguidores que no olvidan al genio de Pedreña cuando se cumplen exactamente seis años y medio de su ausencia. Y es que el Augusta National era prácticamente su segunda casa. Cuántas velas de cumpleaños sopladas, cuántos recuerdos y qué dos Chaquetas Verdes conseguidas en 1980 y 1983 que colocaron a España en el panorama golfístico mundial por primera vez en la historia.

Seve se ganó el respeto del campo estadounidense con un juego colosal y una efusividad pocas veces mostrada por un golfista. Y ya no solo eso, sino el cariño del público, que lo acompañó hasta que disputó sus últimos hoyos en el icónico campo de Georgia. Fue en el año 2007, cuando el español acababa de cumplir 50 años y reaparecía en el primer Major de la temporada después de tres años de ausencia. En esa ocasión Seve no pasó el corte, pero dejó un recuerdo imborrable a uno de los presentes, a quien le regaló la última bola que jugó.

Casualidades del destino esta bola llegó a manos de Scott Satjinac, un caddie que lleva más de 15 años en el PGA Tour y que en la actualidad porta la bolsa de Troy Merritt. Y este no ha dejado pasar la ocasión para hacerle un homenaje a la familia Ballesteros. Con Gonzalo Fernández-Castaño como mediador, el caddie consiguió ponerse en contacto con Javier Ballesteros, hijo mayor del bicampeón del Masters, para ofrecerle este presente sin pedirle nada a cambio.

Javier, feliz, decidió compartir con sus seguidores en Twitter esta historia, que servirá para dotar a la leyenda de Seve de otro capítulo y a su museo de un ejemplar único. La última bola jugada en uno de los lugares en los que más disfrutó y en los que más hizo disfrutar.

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