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Rachel Rohanna, la jugadora del Symetra Tour que vende vacas entre semana para seguir compitiendo

12 abril, 2017 | Redaccion
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Tiendas de artículos deportivos, estaciones de servicio y hasta granjas son solo algunos de los lugares donde los jugadores más modestos se ganan semanalmente el ser o no ser en los circuitos.

La norteamericana ha hecho de su oficio en la grana la mejor mera de costearse la carrera. Foto: @rachelrohanna

Ya lo vemos semanalmente con la sección de El dinero no da la felicidad. Solo unos pocos jugadores son los que pueden ganarse la vida con esto. Quienes están asentados en los grandes circuitos –la gran minoría de los profesionales que juegan al Golf- pueden llevarse miles de euros al acabar en un Top 10, pero la realidad es bien distinta cuando bajamos escalones y nos vamos al Symetra Tour, por ejemplo.

Allí, hace escasas horas hemos conocido una historia que hace que nos demos cuenta de que en los circuitos pequeños los jugadores hacen enormes sacrificios para seguir participando semanalmente en los torneos con los gastos que eso conlleva. Es el caso de la estadounidense Rachel Rohanna, que en los últimos tiempos está intentando vender algunas vacas de la granja que regenta junto a su marido con tal de seguir costeándose los trayectos y los honorarios de su caddie.

En 2015 conseguí mi primera victoria en el circuito, en el Sara Bay Classic. Con el dinero que gané compré una vaca. Pero no era una vaca cualquiera, sino una que había nacido aquí y que habíamos vendido dos años antes a un amigo de mi marido para costearme los viajes. Su nombre desde entonces es Sara Bay”, comenta entre risas. Desde su llegada, el animal ha tenido dos crías, un hecho que ha aprovechado la jugadora para ponerlas a la venta con tal de sacarse unos dólares.

Estoy tratando de vender al macho para financiar lo que queda de temporada. He llegado a un punto en el que tengo que hacer esto si quiero seguir siendo profesional. Es una tarea que tengo que realizar durante los fines de semana para asegurarme de poder pagar las cuotas de inscripción y el caddie”, afirma.

A fin de cuentas, cada golfista tiene su propia realidad al finalizar los eventos. Hay algunos que trabajan en tiendas de artículos deportivos, otros que lo hacen en estaciones de servicio y luego está el caso de Rachel, quien ayuda con las vacas en sus ratos libres. “Todo el mundo acaba ideando soluciones creativas para salir a flote”, sentencia la norteamericana, que tiene claro en qué gastar el dinero que le da el Golf. “Cuando uno consigue un buen cheque en lo primero que piensa es en invertir ese dinero. En mi caso es en vacas y en campos de Golf”. Nada mal tampoco.

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