Una, dos y tres…Póngase en forma

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La golfista Carlie Booth da un salto mortal adelante. Foto: Tristan Jones

¿Estamos preparados físicamente para afrontar el periodo en el que dedicaremos más horas a jugar al golf? La respuesta mayoritaria de los jugadores ‘amateurs’ es probable que sea negativa.

La primavera está en su esplendor, el día se alarga y el buen tiempo nos invita a practicar nuestro deporte durante más tiempo. Esto último es lo que pondrá a prueba nuestra resistencia física y es en lo que debemos hacer hincapié.

Para potenciar esa resistencia al esfuerzo prolongado quizá nos puedan ser útiles algunos consejos, que desde OpenGolf abordaremos sobre tres líneas principales de acción: capacidad aeróbica, dieta y peso óptimos y elasticidad.

Cómo mejorar nuestra capacidad aeróbica

El golf, con respecto a otros deportes, posee la ventaja de que no demandará a nuestro organismo esfuerzos muy intensos en breves intervalos de tiempo.

Por ejemplo y durante una partida de tenis, será frecuente que el jugador esprinte para llegar a una dejada, salte para rematar en la red o se desplace lateralmente con rapidez para alcanzar una bola pegada a la línea. Se trata, pues, de un cúmulo de esfuerzos intensos y de corta duración.

Si el tenista no está debidamente preparado, ese tipo de esfuerzos (anaeróbicos) pueden provocar la aparición de la fatiga antes de lo esperado e, incluso, alguna lesión.

En nuestro deporte de los 18 hoyos esto no ocurrirá. El golfista solo se desplaza caminando y a intervalos. En este sentido, la exigencia física vendrá determinada por el desnivel del terreno y los kilómetros recorridos.

En cuanto al resto de los grandes músculos del tronco, éstos intervendrán en el ‘swing’ con moderado protagonismo debido a la baja resistencia del golpeo.

La citada capacidad anaeróbica (esfuerzo muy intenso en poco tiempo) apenas existirá jugando una partida de golf. En cambio, cobra relevancia la capacidad aeróbica, definida como la adaptación a esfuerzos prolongados y de baja intensidad.

Esta ‘ventaja’ del golf sobre el tenis u otros deportes no puede llevarnos, en cambio, al clásico autoengaño: como el golf apenas exige un esfuerzo físico intenso y agobiante ya tenemos la excusa perfecta para no cuidar la preparación.

Craso error, querido golfista

Como hemos visto y explicado antes, una práctica del golf saludable deberá tener una base sólida en el terreno de la preparación física. Esto afectará, seguro, a una rebaja en el número de golpes de nuestra tarjeta, especialmente en los últimos hoyos del recorrido.

El óptimo estado físico vendrá determinado por muchos factores. El primero que abordaremos será el de la mejora de nuestra resistencia aeróbica.

¿Cómo hacerlo? ¿Qué ejercicios serán útiles? ¿Cómo puede uno mismo ser consciente de su entrenamiento aeróbico?

En el próximo capítulo desvelaremos todos estos interrogantes y algunos más, con el fin de ofrecer unas pautas generales que puedan servir a la mayoría de los jugadores de golf potencialmente sanos, con las variables que se deriven de la edad, el peso, el historial médico y el carácter más o menos sedentario de cada individuo.

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