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Cantabria Infinita

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Santander

Cantabria nos sorprenderá siempre. Su descriptivo eslógan, Cantabria Infinita, recoge  lo más importante de la Montaña, como son Santillana del Mar, Comillas, San Vicente de la Barquera y la propia capital autonómica.

Sus espectaculares paisajes costeros o montanos, su deliciosa gastronomía, sus grandiosos monumentos o la peculiar historia que la ha conformado, de la mano siempre de los más preclaros escritores, son los principales atractivos de una región autonómica uniprovincial de los que nos es difícil escoger el más destacado de ellos.

Realicemos una visita de fin de semana (aunque conocer y disfrutar Cantabria nos costaría muchas más jornadas) y tendremos una buena idea de la región.

Como ejemplo de su potencial turístico, en un privilegiado hotel de cuatro estrellas, el Bahía, en primera línea del mar, sobre la ría, junto a la estación marítima que acoge el ferry de Gran Bretaña, y dominando el emblemático Paseo de Pereda, se puede sentar la base de nuestra breve estancia plena de actividad.

Su propio aeropuerto, a diez minutos de la capital, pues Santander lo tiene apenas a 4 kms. de distancia, nos permite llegar enseguida, pasear y cenar (siempre son ejemplos los que damos de lo que a hoteles y restaurantes Santander ofrece ), eligiendo el restaurante Zacarías, todo un personaje del mundo turístico santanderino que oficia comidas de las que quitan el hipo.

Santillana del Mar

Comenzamos el descubrimiento de Cantabria en Santillana del Mar, el “pueblo de las tres mentiras”, pues ni es santa, ni es llana ni tiene mar”. Y allí empezamos a conocer la procelosa historia de Cantabria.

Frente a la Casa de Los Hombrones de la que destaca, junto a la heráldica, un inmenso relieve con dos soldados tenantes, donde supimos más de Don Iñigo López de Mendoza, el Marqués de Santillana, el de la dulces poesías como “La Vaquera de la Finojosa”; contemplamos, además, la “Casa del patín”, con otro relieve del dios de la lluvia azteca “Tlaloc” pues su primer propietario, José de Cossío, fue Oidor de la Casa de las Indias y enriquecido indiano, como muchos otros cántabros que hicieron fortuna en Las Américas.

Y, por fin, la Colegiata Santa Juliana (Yllana- de ahí el nombre de Santillana-) del pleno Románico, con posteriores añadidos renacentistas y barrocos, junto al Palacio de Las Arenas y la Casa de la Archiduquesa de Austria. Impresionante la Torre de Don Borja, en la Plaza del Mercado.

De allí, rápido viaje hasta Comillas, presidida, en el centro, por la espectacular Universidad Pontificia (ahora se encuentra en la Facultad de Comillas en la Complutense de Madrid), en el edificio en restauración por el gobierno de Cantabria, y un conjunto arquitectónico destacado por el primer Modernismo catalán, en boga a finales del s. XIX, a cargo de arquitectos traídos desde Barcelona por el Marqués de Comillas, título concedido por el rey Alfonso XII a Antonio López, agradecido a los favores económicos que, enriquecido en Cuba, otorgó a la Corona, además de regalarle al Rey el Palacio de Sobrellano, del arquitecto catalán Joan Martorell. Junto al palacio se encuentra el Panteón familiar y El Capricho, una de las primeras obras del genial Antonio Gaudí. Los títulos de Marqués de Comillas y Grande de España, y la fortuna, serían heredados por su hijo Claudio que pos las buenas obras que realizó está en proceso de Beatificación.

San Vicente de la Barquera

Cerca de allí, podemos iniciar un recorrido de parte del Camino de Santiago, el Camino del Norte o de la costa cantábrica, siguiendo las losas grabadas en el suelo que orientan al peregrino en dirección a la ciudad compostelana y Finisterre. Cerca, San Vicente de La Barquera, que muestra, de entrada, las ensenadas que ha venido dejando la espectacular ría.

Nada más entrar en el pueblo nos envuelve la intensa actividad y animación del municipio, presidido por el cerro sobre el que se alzan la Iglesia de Santa María de los Ángeles, magnífico ejemplo de arquitectura religiosa gótica y el castillo, a los que subir para contemplar el paisaje y hacer fotos.

Y en Santiago, almuerzo marisquero en Casa Maruja, con una sucesión de crustáceos, pescados y elaborados platos con  esos ingredientes que dan justa fama a su cocina.

Para los amantes de la montaña, San Vicente puede ser el inicio de una impresionante excursión a los Picos de Europa, pasando por Potes (de necesaria visita) y ver los eminentes Picos, con su máxima altura de 2.600 mts., aunque eso será materia de otro relato.

Vuelta a Santander y paso por la Catedral, un conjunto histórico y monumental construido entre finales del siglo XII y el XIV sobre el antiguo monasterio. Fue elevada a rango de colegiata en 1131 por el rey Alfonso VII, el Emperador. La puerta principal, levantada hacia 1230, ostenta los primeros escudos del reino en que aparecen juntos castillos y leones, tras la unificación definitiva de Castilla y León en tiempos de Fernando III, cuyo hijo, Sancho, fue abad del sitio.

Bajo ella, la iglesia más antigua, llamada Iglesia del Cristo, tiene una estructura de arcos que soporta el peso del piso superior, por lo que tiene un grosor y robustez considerable.

Desde allí, obligado es recorrer el Paseo de Pereda, junto a la ría, y por Castelar, junto a Puerto Chico, alcanzar el Palacio de Festivales de Cantabria.

Compras para llevar a casa, especialmente anchoas de Santoña, quesadas y sobaos pasiegos; corbatas de Unquera y polkas en Torrelavega. queso picón de Bejes-Tresviso, y quesucos de Liébana, con una botella de orujo de Liébana.

Breve apunte este de la tierra que vio nacer, entre otros, al Marqués de Santillana y a Lope de Vega. Pues como dijo Quevedo, “escritor y montañés, hidalgo es”.

Cantabria cuenta con 13 campos de Golf, Pedreña con 27 hoyos, Nestares, Abra del Pas Campo, Santa Marina, Mogro y Golf Nestares con 18. Mientras que Rovacias, Noja Club Golf, Mataleñas y La Junquera cuentan con 9. Parayas S.D y el Club de Golf Ramón Sota suman nueve hoyos de Pitch & Putt.

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