Peligro Ryder: el jugador nº13

4 septiembre, 2012 | Toni Tomas Redactor Agencia EFE
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Medinah no será un idílico campo de golf para los europeos. Ya lo adelanto. No se parecerá en nada a The Belfry, por ejemplo. En la Ryder Cup que se jugó en este campo inglés, en 2002, recuerdo cómo se oían, a menudo, los graznidos de las aves en plena disputa golfística.

Los yanquis quieren ganar esta Ryder Cup como causa de fuerza mayor. Para ello han activado dos actuaciones preocupantes: un programa llamado “The 13th Man” (el jugador nº 13) y la preparación del campo, que favorecerá los ‘birdies’ y, por consiguiente, el griterío.

Los norteamericanos, en su legítima defensa, quieren provocar la fuerza de lo que en fútbol se denomina vulgarmente “el jugador nº 12”. En Ryder Cup, el sinónimo depara un dígito más.

Aseguro que no es nada fácil jugar a cualquier deporte con el público clamorosamente a favor del equipo rival.

Al hilo del griterío hostil,  me viene a la memoria la manera en que el equipo de balonmano del FC Barcelona preparó hace años, y durante una semana entera de entrenamientos, su difícil visita a la cancha del Zagreb croata. La afición local llenaba en cada jornada las gradas de su pabellón, con más de 12.000 gargantas incansables.

El previsor técnico barcelonista, para contrarrestar aquello, se inventó un método con el que preparar a sus jugadores para el griterío ensordecedor: situó en cada esquina de la cancha de entrenamientos un altavoz de grandes dimensiones con una repetida grabación con los ruidos estremecedores de una afición.

El último día de entrenamientos, aquellos balonmanistas del Barça ya se habían acostumbrado a entenderse solo con mirarse, y a soportar el estrés de un ambiente infernal.

El equipo blaugrana fue a Zagreb, jugó un buen partido y eliminó a su rival.

José María Olazábal no podrá hacer lo mismo que aquel agudo entrenador del Barcelona, pues un campo de golf y una cancha cerrada apenas se parecen. Pero el capitán europeo tiene clara la situación a la que se enfrentan. Como dijo hace meses en Madrid: “El público de Chicago es de los más ruidosos, eso ya lo sabemos; y siempre habrá algún patoso que intente perjudicarnos. Espero saber inspirar al equipo para que se aisle de todo eso”.

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