Ryder Cup

Experiencia, calidad y Olazábal

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Si fuera un cronista norteamericano de golf estaría aún dándole vueltas a cómo convencer a mis lectores, tras el anuncio de Olazábal, de que el equipo europeo para la Ryder Cup no es para tanto.

De ser un plumilla yanqui, pensaría la manera de restar importancia a que, de los doce jugadores rivales, solo uno debuta. Y buscaría, además, una voltereta lingüística para quitar trascendencia al hecho de que ese novato es Nicolas Colsaerts, un ‘tiarrón’ belga de casi dos metros, que rompe la bola con el ‘driver’ (mejor pegador de Europa) y que en las dos últimas ediciones del Volvo World Match Play ha sido finalista y campeón (2012).

Pero soy cronista y español, y lo primero me obliga a contar las cosas tal y como son, pues lo segundo lleva mi foco de atención hacia nuestros representantes en esta cita tan importante del deporte, que son tres.

Por esto último, me siento orgulloso, en primer lugar, por contar con un capitán como Olazábal, por la presencia de Sergio García en el equipo y por la vicecapitanía de Miguel Ángel Jiménez.

Después, me siento confirmado en la idea de que Europa mete en el avión rumbo a Medinah a un equipazo: solo hay un novato (la cifra menor en lo que va de siglo y tercera vez desde 1979); el más joven, Rory McIlroy (23 años), es el vigente líder mundial, y el más mayor, Paul Lawrie (43 años), acaba de demostrar en Gleneagles que está en forma como cuando ganó el Open Británico en 1999.

También destaco, como periodista del Viejo Continente, que los doce europeos que se sentarán en ese avión son los doce mejores del ránking mundial, que todos son respetados y triunfan en los Estados Unidos y que el capitán no tendrá que explicar lo que es una Ryder Cup porque todos, salvo el ‘tiarrón’ Colsaerts, saben perfectamente lo que está en juego.

Lo siento por Davis Love, que es un tipo que me cae bien. Pero Europa mete en el avión hacia Chicago mucha experiencia, calidad, a un jefe de filas como Olazábal y, por qué no decirlo, las cajas de vino español y el buen humor que facturará Jiménez.

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