Bajo los cuidados greens del campo se encuentran los restos de personas esclavizadas que vivieron y murieron en una plantación de algodón

Las autoridades de la capital de Florida han aprobado la venta de un campo de golf de propiedad municipal construido sobre un antiguo cementerio de personas esclavizadas, pese a la fuerte oposición de residentes, activistas e historiadores locales. La Comisión de la Ciudad de Tallahassee votó por 3 a 2 la venta del Capital City Country Club, un terreno de 72 hectáreas, a un club privado que en el pasado fue segregado, por un importe de 1,255 millones de dólares.
Bajo los cuidados greens del campo se encuentran los restos de personas esclavizadas que vivieron y murieron en la plantación de algodón que ocupaba esa zona en el siglo XIX. En 2019, arqueólogos del Servicio de Parques Nacionales identificaron 23 tumbas sin marcar confirmadas y otras 14 posibles cerca del hoyo 7 del recorrido, que actualmente opera como campo semiprivado sobre suelo público.
El acuerdo ha reabierto heridas relacionadas con el pasado segregacionista de la ciudad y ha reactivado las críticas por el retraso en la creación de un memorial, aprobado por la comisión hace más de cuatro años pero que hasta ahora no se había materializado. Desde octubre, la ciudad ha instalado un marcador histórico y ha despejado senderos cerca de la zona de enterramientos, mientras el juego continúa en el resto del campo.
El acuerdo ha reabierto heridas relacionadas con el pasado segregacionista de la ciudad
Según los términos de la venta, el terreno deberá seguir siendo un campo de golf de 18 hoyos y no podrá urbanizarse. Aproximadamente 98.000 dólares del importe se destinarán a la construcción de un espacio conmemorativo con acceso público, siempre que los visitantes no interfieran con la actividad deportiva. Además, el club se ha comprometido a acoger entrenamientos y competiciones del equipo de golf de la Universidad Florida A&M, cuyo consejo de administración ha respaldado el acuerdo.
No obstante, parte de la comunidad sigue cuestionando tanto la venta del terreno a un club que fue históricamente exclusivo para blancos como el precio fijado, dado el alto valor inmobiliario de una parcela situada a menos de un kilómetro del Capitolio estatal. También se ha señalado la influencia política del club, tradicional punto de encuentro de figuras relevantes de la ciudad.
La historia del lugar incluye décadas de vaivenes entre propiedad pública y privada. Desde 1956, el club pagaba a la ciudad un alquiler simbólico de un dólar al año, una fórmula que permitió evitar una sentencia del Tribunal Supremo que prohibía la segregación en instalaciones recreativas públicas. Incluso un juez, que figuraba entre sus antiguos socios, vio frustrada su nominación al Supremo tras las críticas por su papel en la privatización del club para eludir la integración racial.
Pese a las críticas, la operación salió adelante con el apoyo de la mayoría de los comisionados, incluidos dos miembros afroamericanos del consistorio, que defendieron la necesidad de mirar al futuro y reinvertir los ingresos en servicios públicos, sin dejar de reconocer el peso de una historia que sigue generando un profundo debate en la comunidad.
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