Tras su salida del LIV Golf, Greg Norman insiste en su respeto y lealtad al PGA Tour, destacando su influencia en la evolución del circuito

Greg Norman fue el gran rostro del ascenso de LIV Golf desde la creación de la liga en 2022, pero el que fuera primer CEO de la gira saudí ha sorprendido ahora al revelar que, pese a todo lo ocurrido, mantiene su lealtad hacia el PGA Tour, circuito del que es miembro vitalicio.
Durante años, muchos señalaron al australiano como uno de los principales responsables de la profunda fractura vivida en el golf profesional masculino, al liderar el proyecto impulsado por el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí (PIF) que dio origen a la liga árabe.
Tras tres temporadas al frente de la estructura del LIV Golf, Norman dejó su cargo como director ejecutivo a comienzos de 2025, siendo reemplazado por Scott O’Neil. Aunque se mantuvo vinculado al entorno de la liga durante algunos meses, su salida definitiva se oficializó más tarde ese mismo año.
"Soy miembro vitalicio del PGA Tour. Así que esa idea de que odio el PGA Tour no es cierta”, dijo Norman
Ahora, cuatro meses después de abandonar de forma oficial la organización, Norman ha vuelto a pronunciarse sobre el estado del golf mundial, un escenario que él mismo contribuyó a transformar y tensionar. En una entrevista concedida al podcast The Big Swing with Jimmy Roberts, el australiano fue claro al abordar su relación con el PGA Tour. “Lo creas o no, sigo siendo fiel al PGA Tour porque soy miembro vitalicio del PGA Tour. Así que esa idea de que odio el PGA Tour no es cierta”.
Lejos de alimentar la narrativa del enfrentamiento personal, Greg Norman insistió en que su vínculo con el circuito estadounidense sigue siendo profundo. “Respeto al PGA Tour, soy leal, y me encanta el hecho de ser miembro vitalicio. Me encanta el hecho de que he ayudado al PGA Tour en cierta medida gracias a que el LIV se elevó”.
Unas palabras que llegan en un momento especialmente sensible, con el futuro del ecosistema profesional aún lejos de una reunificación total y con figuras como Rory McIlroy cuestionando la viabilidad a largo plazo del LIV tras la reciente salida de Brooks Koepka, mientras jugadores como Talor Gooch admiten que el escenario actual “va a ser difícil” para la liga saudí.
Greg Norman, por su parte, defiende que la irrupción de LIV ha tenido también un efecto positivo sobre el PGA Tour. Y los números parecen respaldar, al menos en parte, esa lectura: desde el estallido del conflicto, los premios en el PGA Tour han aumentado de forma considerable, y el circuito ha puesto en marcha el llamado Programa de Equidad de Jugadores, que otorga participación financiera a sus miembros en los ingresos comerciales del Tour.
Así, el hombre que fue símbolo de la ruptura lanza ahora un mensaje de matices y memoria institucional, recordando que, más allá de las batallas recientes, su historia personal sigue ligada al circuito que marcó su carrera. En un golf todavía en busca de estabilidad, la voz de Norman vuelve a resonar, esta vez no desde la trinchera de la confrontación, sino desde la compleja frontera entre la lealtad y la revolución que él mismo ayudó a desatar.
Y es que el ser humano es impredecible.
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