A sus 60 años, José María Olazábal jugará su 37 Masters consolidándose como el jugador hispano con más participaciones en la historia de Augusta

El regreso de José María Olazábal a Augusta National siempre está envuelto en emoción. Pero esta vez, además, llegó acompañado de una reflexión cargada de sinceridad y paso del tiempo. El doble campeón del Masters no escondió que encara cada visita con una mirada distinta, más consciente del final que del camino.
“Encantado de volver a estar aquí, es un sitio muy especial para mí, tengo grandes recuerdos, preciosos, son muchos años y es un privilegio estar aquí”; comenzó señalando. Pero fue más allá; “Sobre todo cuando eres consciente de que cada vez queda menos, intentas de alguna manera aprovecharlo lo mejor posible, intentar disfrutar de la experiencia lo máximo posible, y eso es lo que voy a intentar hacer”.
En un campo cada vez más exigente desde el tee, el guipuzcoano es realista sobre sus opciones
Más allá de lo emocional, Olazábal también analizó su estado de forma, reconociendo que su juego no atraviesa el mejor momento, especialmente con los hierros. “Lo estoy pasando un poquito mal con los hierros, no estoy contento, estoy muy fallón, y eso es un hándicap importante”; admitió. Aun así, destacó que su juego corto sigue siendo un gran aliado. “Sí es verdad que el juego corto estuvo a una altura extraordinaria –en el Hoag Classic donde terminó T14 hace 10 días-, y eso es lo que hizo que al final pudiese hacer un buen resultado”.
En un campo cada vez más exigente desde el tee; el guipuzcoano es realista sobre sus opciones frente a las nuevas generaciones. “Si lo comparo con el resto del field, son jugadores que van a estar pegando hierros relativamente cortos a los greenes. Si sigues fallando greenes, este campo siempre te va a pillar antes o después”; explicó. Por eso, tiene clara la clave; “Intentar ser un poquito más sólido con el juego en general y no fallar demasiados greenes”.
También hubo tiempo para recordar uno de los momentos más icónicos del torneo, la victoria de Jack Nicklaus en el Masters de 1986. “Me dio mucha pena por Seve, la verdad”; confesó en referencia a Seve Ballesteros. “Pero fue una victoria muy especial. Nadie esperaba que Jack estuviese para ganar, y el final que tuvo fue brutal”.
Olazábal aprovechó ese recuerdo para poner en valor la esencia del golf. “Eso es lo bueno que tiene este deporte, que hay momentos especiales. Igual que hace una semana con la victoria de Gary Woodland; que fue muy emotiva después de todo lo que ha pasado”.
Y cerró con una respuesta tan breve como contundente cuando se le preguntó por su edad; “¿Si me siento joven? No. Longevo, sí… pero joven no”.
En Augusta, donde los recuerdos pesan tanto como los golpes, José María Olazábal afronta cada edición del Masters como un regalo. Consciente de que el tiempo avanza, su objetivo ya no es solo competir; sino disfrutar cada paso en uno de los escenarios más especiales de su vida.
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