Sergio García, aunque pasó el corte, dejó entrever que la batalla más dura no está en Augusta, sino en lo que se le pasa por la cabeza

Sergio García logró mantenerse con vida en el Masters de Augusta pese a firmar una segunda jornada muy complicada de 75 golpes, en la que volvió a dejar sensaciones negativas sobre su juego, aunque finalmente le bastó para acceder al fin de semana en el Augusta National Golf Club.
El castellonense, sin embargo, no escondió su frustración tras otra vuelta repleta de errores e irregularidad, especialmente desde el tee. “Las sensaciones siguen siendo muy malas, muy muy malas, muy feas. Me he dado golpes muy muy malos”; resumió con crudeza, dejando claro que no atraviesa su mejor momento competitivo.
“Las sensaciones siguen siendo muy malas, muy muy malas, muy feas. Me he dado golpes muy muy malos”
García explicó que el principal problema está siendo su drive, un golpe que históricamente ha sido uno de sus puntos fuertes. “Si no le pego bien al drive, mi juego entero se viene abajo. Me quita toda la confianza del resto”; reconoció, evidenciando la falta de seguridad que arrastra desde torneos anteriores.
Sergio García fue incluso más allá al intentar definir su estado actual de forma gráfica. “Mi juego es Z”. Una frase que resume la distancia entre su nivel habitual y el rendimiento mostrado en Augusta, donde ha sobrevivido más por pelea que por sensaciones.
En medio de esa desconexión con su juego, el castellonense dejó una de las reflexiones más crudas de su jornada, al ser preguntado por cómo consigue resetear en mitad de la ronda. “¿Cómo reseteas? ¿Cómo haces todo ese trabajo? No lo sé. Me pongo y espero que no me dé un patatús mientras hago el swing. Y nada, rezar para que la bola salga más o menos recta”; reconoció con total sinceridad.
Pese a todo, el objetivo mínimo de la semana -pasar el corte- sigue vivo, aunque él mismo lo expresó con ironía y resignación. “El objetivo era pasar el corte, eso está conseguido… lo veremos dentro de cuatro horas”; llegó a decir durante una comparecencia cargada de autocrítica y tensión.
Sergio García también reflexionó sobre la gestión de los hoyos más exigentes del recorrido, especialmente en las decisiones estratégicas desde largas distancias, donde aseguró que el diseño actual del campo obliga a muchos jugadores a renunciar al ataque.
Con todo, García prefirió mirar el lado más pragmático de su situación; sigue en el torneo. Pero la gran incógnita no es solo competitiva, sino mental. “Lo que más me preocupa es cuándo va a cambiar esto”; admitió, dejando entrever que la batalla más dura no está en Augusta, sino en lo que se le pasa por la cabeza.
Puede seguir a OpenGolf en Facebook; Twitter; LinkedIn y suscribiéndose a través de este enlace a nuestra Newsletter Semanal





