Anthony Kim supera 16 años de ausencia y derrota a Rahm y DeChambeau en LIV Golf Adelaide, consolidando su vuelta triunfal al golf profesional

Anthony Kim sigue escribiendo una de las historias de regreso más impactantes del deporte moderno. Su victoria en el LIV Golf Adelaide, disputado en Australia Meridional, supone la confirmación definitiva de su renacimiento competitivo. Emparejado en el partido estelar con Jon Rahm y Bryson DeChambeau, remontó cinco golpes en el exigente The Grange Golf Club gracias a una tarjeta descomunal de 63 golpes, nueve bajo par, para imponerse con tres de ventaja al de Barrika.
Kim destacó como amateur en la University of Oklahoma, siendo tres veces All-American y miembro del equipo estadounidense ganador de la Walker Cup. Se convirtió en profesional en 2006 y pronto se consolidó en el PGA Tour con un estilo agresivo y carismático. Ganó tres torneos, incluido el Wachovia Championship 2008, y fue pieza clave en la victoria estadounidense de la Ryder Cup, donde derrotó a Sergio García en los individuales dominicales
Es su primer triunfo profesional desde el 4 de abril de 2010, cuando conquistó el Houston Open del PGA Tour
Entre 2010 y 2012 sufrió graves lesiones de tendón de Aquiles, hombro y mano, que lo obligaron a retirarse del circuito. Durante ese tiempo, cobró parte de una póliza de seguro por discapacidad estimada entre 10 y 20 millones de dólares. Su ausencia alimentó especulaciones, convirtiéndolo en una figura casi mítica dentro del golf.
Es su primer triunfo profesional desde el 4 de abril de 2010, cuando conquistó el Houston Open del PGA Tour. Lo que entonces parecía el inicio de una era dorada quedó interrumpido durante más de una década. Hoy, defendiendo los colores de 4Aces GC, su regreso ya no es una promesa romántica ni una nota al pie en el calendario alternativo del golf mundial: es una realidad con trofeo en las manos, culminación de 16 años marcados por el silencio, la caída y la reconstrucción personal.
Hubo un tiempo en el que Anthony Kim era el niño prodigio del golf estadounidense. Ganador en el PGA Tour, tercero en el Masters y número 6 del mundo, su talento parecía no tener techo. Pero tras conquistar el Houston Open, desapareció del mapa competitivo. Lesiones, excesos, falta de propósito y una batalla interna que él mismo ha reconocido sin rodeos lo apartaron del juego durante más de doce años. “Diría que no fui la mejor persona, ni la mejor pareja, ni el mejor hijo cuando era joven. Pero quien soy hoy es completamente diferente”; admitió con crudeza en Australia. El talento seguía ahí, pero el hombre necesitaba encontrarse.
Ese proceso tuvo un punto de inflexión lejos de los focos, en rehabilitación, donde -según sus propias palabras- decidió que si lograba salir adelante quería ayudar a otros. El golf, entonces, ni siquiera estaba en el plan. Pero el reencuentro con el deporte llegó de la mano de una oportunidad en el LIV y, sobre todo, de una nueva identidad cimentada en la fe, la sobriedad y la familia.
Su esposa Emily y su hija Bella se convirtieron en el faro. “Intentaré omitir muchos detalles. Pero le diré que antes de que ella llegara al mundo yo no sentía un propósito en mi vida. Puedes tener dinero, éxito, y aun así sentirte solo y creer que el mundo está contra ti, aunque eso esté en tu cabeza, porque mucha gente me apoyaba”; confesó. En el green de Adelaida, cuando Bella corrió a abrazarlo tras embocar el último putt, el pasado y el presente se fundieron en una imagen imposible de separar del significado del triunfo.
En lo puramente deportivo, Anthony Kim resistió la presión de gigantes como Bryson DeChambeau y Jon Rahm, a quienes miró a los ojos en el partido estelar del domingo. Durante años fue él quien marcaba el paso; esta vez tuvo que reconstruir su confianza golpe a golpe, putt a putt.
“Bryson y Jon han demostrado que son ganadores de majors, jugadores de Ryder Cup, y les tengo un respeto enorme. Sabía que iba a ser una batalla cuesta arriba. Cuando me acerqué en el marcador, sentí que era importante ver qué estaba haciendo Jon, aunque mi foco debía estar en mi juego”. Y no suena a bravata. Habla desde alguien que ha conocido el vacío y ha aprendido a convivir con él.
Han pasado 5.795 días desde su última victoria. Demasiado tiempo para un campeón precoz. Pero quizá el éxito necesitaba madurar lejos de los rankings y las portadas. Kim ya no es el veinteañero impetuoso que deslumbró al mundo; es un competidor que celebra cada birdie como una pequeña redención. “No dejes de luchar”; lanzó como mensaje a quienes atraviesan dificultades. No es un eslogan. Es el resumen de su historia.
Adelaida no solo devolvió a Anthony Kim al círculo de ganadores. Reescribió su biografía deportiva desde el capítulo más oscuro. Y, esta vez, el trofeo pesa menos que el camino recorrido para volver a levantarlo.
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