Jon Rahm fleta un avión y rescata a los jugadores del LIV Golf atrapados en Dubái

Jon Rahm pagó un jet privado para trasladar a varios golfistas del LIV Golf para que llegaran a tiempo a Hong Kong tras el caos aéreo

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El gesto de Jon Rahm ha sido interpretado como una muestra de liderazgo y compañerismo en el circuito

En medio de la tensión geopolítica que afectó al espacio aéreo del Golfo Pérsico, Jon Rahm protagonizó un gesto que ha dado la vuelta al mundo del golf; fletó un avión privado para trasladar a varios compañeros del LIV Golf que habían quedado atrapados en Dubái y no podían volar hacia Asia.

Las restricciones aéreas derivadas del conflicto en la región provocaron la cancelación de numerosos vuelos comerciales, dejando a varios jugadores sin conexión para disputar el torneo de LIV Golf Hong Kong. Ante la urgencia del calendario y el riesgo de no llegar a tiempo; Rahm decidió asumir la iniciativa y costear un jet privado para facilitar el traslado.

Los jugadores se desplazaron primero por carretera desde Dubái hasta la frontera con Omán

Entre los golfistas que pudieron viajar gracias a esta operación estuvieron Tom McKibbin y Caleb Surratt -ambos de Legión XIII; equipo capitaneado por el propio Jon Rahm-. Lee Westwood, Thomas Detry, Anirban Lahiri, Adrian Meronk y Sam Horsfield, además del caddie de Horsfield, Terry Mundy.

La logística no fue sencilla. Los jugadores se desplazaron por carretera desde Dubái hasta la frontera con Omán; donde tuvieron que abandonar el vehículo y caminar algo más de kilómetro y medio cargando con sus bolsas y palos hasta un nuevo punto de recogida. Desde allí fueron trasladados hasta la pista de aterrizaje; donde el avión privado les esperaba para despegar rumbo a Hong Kong. La operación permitió que todos llegaran a tiempo para competir este jueves; y evitar una alteración mayor en el cuadro del torneo.

Más allá del resultado deportivo, el gesto ha sido interpretado como una muestra de liderazgo y compañerismo en el circuito. En un deporte eminentemente individual, Rahm demostró que, cuando la situación lo exige; el espíritu de equipo también puede despegar a 10.000 metros de altura.

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