Rory McIlroy no se mordió la lengua al hablar del cambio de ese hoyo; un par 3 largo, exigente y reverenciado por generaciones de profesionales

El rugido de los grandes campeones también resuena cuando algo toca la esencia del juego. Y esta vez ha sido Rory McIlroy quien ha alzado la voz contra una modificación que, a su juicio, altera innecesariamente uno de los hoyos más emblemáticos del calendario del PGA Tour.
El escenario no es cualquiera. Hablamos del legendario Riviera Country Club, sede histórica del Genesis Invitational, un campo cargado de tradición donde cada rincón respira historia. Especialmente su hoyo 4, un par 3 largo, exigente y reverenciado por generaciones de profesionales.
Para esta edición especial -marcada por el centenario del torneo- la organización ha decidido alargar el hoyo desde aproximadamente 230 yardas (210 metros) hasta rozar las 270 (246 metros), desplazando el tee y transformando su longitud en una de las más extremas del circuito.
Para esta edición -marcada por el centenario del torneo- la organización ha decidido alargar el hoyo 36 metros
Es por ello que la reacción de McIlroy no se hizo esperar. “Es un cambio horrible”; vino a decir el norirlandés, dejando claro que, en su opinión, la modificación no aporta una nueva dimensión estratégica al hoyo, sino simplemente obliga a pegar un palo más largo.
El argumento del cinco veces campeón de Majors es claro; el hoyo ya era extraordinariamente difícil en su versión original. De hecho, históricamente apenas un pequeño porcentaje del campo alcanzaba el green en regulación cuando se jugaba alrededor de 230 yardas (210 metros).
«Bueno, alrededor del 15 por ciento del campo llegó al green la última vez, cuando se jugó en su distancia original“; contestó al solicitarle una razón por las críticas. «Añadir 40 yardas más no cambia la naturaleza del golpe ni la toma de decisiones; solo incrementa la penalización. Además, el característico césped kikuyu que protege la entrada de green dificulta aún más la posibilidad de hacer rodar la bola desde larga distancia«; -sostiene-. Lo que, según McIlroy, limita cualquier matiz estratégico adicional.
No ha sido el único en mostrar reservas. Tanto Jordan Spieth como Collin Morikawa han expresado dudas similares, señalando que el espíritu original del hoyo ya garantizaba espectáculo y dificultad sin necesidad de extenderlo hasta el límite.
El hoyo 4 forma parte del alma competitiva de Riviera. Por allí han pasado leyendas como Ben Hogan; quien dominó el campo hasta el punto de que el recorrido llegó a ser conocido como “Hogan’s Alley”. Cada metro del trazado tiene peso histórico, y cualquier alteración en sus hoyos más simbólicos inevitablemente genera debate.
La controversia, en el fondo, refleja un dilema moderno del golf profesional. ¿Cómo mantener la relevancia y el desafío ante jugadores cada vez más potentes sin traicionar la identidad clásica de los campos? Rory McIlroy ha sido contundente. Para él, el cambio no eleva el diseño, no embellece el desafío y no añade una nueva capa de creatividad. Simplemente lo hace más largo.
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