“Hace tiempo que no me sentía tan bien en un campo de golf. Diría que desde diciembre del año pasado”; confesó Josele Ballester tras su vuelta

Hay vueltas bajas. Hay exhibiciones. Y luego está lo que hizo este sábado Josele Ballester en el LIV Golf Virginia. Un recorrido sin bogeys, doce golpes bajo par y un espectacular 60 que iguala el récord de la liga para la ronda más baja en relación con el par y pulveriza el récord del campo. Una obra maestra nacida desde el talento, la confianza… y esa sensación inexplicable que los golfistas llaman “flow”.
El joven español de 22 años comenzó el día lejos de los focos, empatado en la 33ª posición con -1 total. Horas después; Josele Ballester abandonó el campo convertido en una de las historias del año en LIV Golf; empatado en la tercera plaza con -13 y después de protagonizar el mayor ascenso en una sola ronda en la historia de la liga árabe.
“Espero que esto me dé la confianza para seguir jugando mejor”; apuntó el castellonense
“Definitivamente no”, confesó entre risas cuando le preguntaron si imaginó algo así al despertarse. “Simplemente seguí jugando al golf. Tuve la suerte de empezar con cuatro birdies seguidos en los primeros cinco hoyos. Eso me ayudó a mantenerme relajado. Le pegué muy bien a la bola e hice algunos putts importantes”.
Pero lo que ocurrió en Virginia fue mucho más profundo que una sucesión de birdies. Fue la irrupción de un jugador que empieza a sentirse preparado para competir entre las grandes estrellas del circuito saudí. Ballester habló varias veces de esa “zona de flujo”; ese estado mental en el que todo parece sencillo y natural.
“Ha sido la primera vez este año en la que he entrado en esa zona de flujo. Parecía que todo salía fácil. Ejecuté realmente bien en todas las áreas del juego”, explicó. “Sé que esta ronda no ocurre muy a menudo, pero espero poder empezar a sentir y entrar en esa zona un poco más a menudo”.
La ronda tuvo momentos decisivos. Uno de ellos llegó en el hoyo 2, cuando desde el rough ejecutó un hierro 7 perfecto tras confiar plenamente en la lectura junto a su caddie Javy. La bola quedó dada para eagle y el castellonense ya marchaba con ocho bajo par tras diez hoyos. Ahí comenzó a intuir que algo extraordinario estaba ocurriendo.
“Probablemente cuando hice birdie en el 5 empecé a pensar en un récord del campo por debajo de 60”; reconoció. “Los últimos cuatro o cinco hoyos jugué con esa presión, especialmente los dos últimos. Estoy muy contento de cómo fui capaz de cerrar la vuelta”.
Tan cerca estuvo de la eternidad absoluta que incluso tuvo un putt de casi nueve metros en el último hoyo para firmar un imposible 59. La bola rozó el borde y escapó por la derecha. Aun así, el público ya estaba en pie para celebrar una actuación descomunal.
La dimensión de la ronda se entiende todavía más al escucharle hablar sobre los meses anteriores. Josele Ballester admitió que no se había sentido cómodo esta temporada y que incluso había llegado a Virginia preocupado por su putt. Todo cambió gracias a pequeños ajustes, pruebas improvisadas y hasta un vídeo de Brad Faxon que apareció casualmente en sus redes sociales el día anterior.
“Había tenido problemas con el putt en las últimas semanas. No estaba pateando mal, pero no me sentía cómodo”; explicó. “Aceleré un poco el proceso sobre la bola y eso me ayudó muchísimo hoy”.
El resultado fue una exhibición total. Birdies desde todos los rincones, putts decisivos y una serenidad impropia de un jugador de solo 22 años cuando la historia empezaba a llamar a la puerta.
“Hace tiempo que no me sentía tan bien en un campo de golf. Diría que desde diciembre del año pasado”; confesó. “Espero que esto me dé la confianza para seguir jugando mejor”.
Y quizá esa sea la gran noticia para el golf español. Porque más allá del récord, más allá del 60 y de la ronda sin bogeys, Virginia puede haber sido el día en el que Josele Ballester dejó de ser una promesa para empezar a convertirse en una realidad.
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