El norirlandés Rory McIlroy firmó 63 golpes en East Lake, volvió a la pelea y dejó una reflexión contundente sobre el desgaste del calendario

Rory McIlroy firmó una de las mejores vueltas de la tercera jornada del Tour Championship y volvió a meterse en la pelea. El norirlandés entregó una tarjeta de 63 golpes, con nueve birdies, después de dos jornadas en las que no había aprovechado sus opciones.
McIlroy explicó que la gran diferencia estuvo en el putt. Durante los dos primeros días perdió terreno sobre los greenes. Sin embargo, en la tercera jornada cambió por completo esa tendencia y recuperó más de tres golpes con el putter. «La diferencia hoy fue que pateé bastante mejor», explicó McIlroy tras concluir su ronda en East Lake.
Además, el juego largo había respondido desde el comienzo del torneo. Por ello, el resultado terminó llegando cuando mejoró sobre los greenes. McIlroy considera que todavía puede ganar el Tour Championship por cuarta vez. Para ello, espera mantenerse cerca del liderato antes del domingo.
«Si estoy a tres o cuatro golpes, hay resultados bajos ahí fuera», señaló el norirlandés. También recordó los 62 golpes de Cameron Young y otros 63 registrados durante el torneo. Por tanto, considera posible remontar desde atrás.
El norirlandés habla del cansancio y de cuándo parar
Más allá de su vuelta, McIlroy dejó una reflexión especialmente significativa sobre la exigencia del calendario profesional. El norirlandés fue preguntado por la forma de mantener la energía durante una temporada tan larga.
Su respuesta fue directa. «Cuando empiezas a perder las ganas de ir al campo, es el momento de tomarte un descanso», aseguró.
McIlroy reconoció que, en ocasiones, ha disputado torneos sin tener realmente ganas de estar allí. Lo hizo porque sentía que debía jugar, aunque eso no siempre se tradujo en su mejor rendimiento. «Si voy a un torneo, quiero rendir al máximo y jugar mi mejor golf», explicó.
Además, McIlroy considera que tres semanas consecutivas de competición representan actualmente su límite. De hecho, recordó la época en la que los PlayOffs de la FedExCup se disputaban durante cuatro semanas seguidas. «En la cuarta semana pensé: “Ya está. No vuelvo a hacer esto nunca más”», recordó.
McIlroy tiene 37 años y acumula casi dos décadas como profesional. Por ello, admite que su tolerancia al desgaste ha cambiado. Sin embargo, todavía conserva intacta la ambición competitiva. Su 63 en East Lake le permitirá afrontar la última jornada con opciones reales. Y, además, con una idea muy clara: jugar cuando todavía existen ganas de competir al máximo.





